Escribir para decir estuve.

“El corazón verde” de Felisberto Hernández (fragmento).

” Primero ese alfiler había sido una pequeña piedra verde que el mar había desgastado dándole forma de corazón; después la habían puesto en un prendedor y el corazón había quedado emplomado entre el cuadrilátero del tamaño de un diente de caballo”

” Al principio mientras yo le daba vuelta entre mis dedos , pensaba en cosas que no tenían que ver con él; pero de pronto él me empezó a traer a mi madre, después a un tranvía a caballos, una tapa de botellón, un tranvía eléctrico, mi abuela, una señora francesa que se ponía un gorro de papel y siempre estaba llena de plumitas sueltas; su hija, que se llamaba Ivonne y le daba un hipo tan fuerte como un grito, un muerto que había sido vendedor de gallinas, un barrio sospechoso de una ciudad de la Argentina y dónde en un invierno yo dormía como en el suelo y me tapaba con diarios, otro barrio aristocrático de otra ciudad dónde yo dormía como príncipe y me tapaba con muchas frazadas, y, por último, un ñandú y un mozo de café”.

“Todos estos recuerdos vivían en algún lugar de mi persona como en un pueblito perdido”.

Esta entrada se publicó el julio 30, 2013 en 9:10 pm y se archivó dentro de Creative Commons. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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