Escribir para decir estuve.

Elogio agridulce del capuchino

Y usted termina por resignarse, por mirar con cara de perro a los que indolentemente y alegremente piden un café “en taza de té”, que es un café doble. Y todo su atrevimiento se reduce al capuchino, toda su audacia se limita al camouflage de tomar un poco de café con leche en tacita destinada para el más sutil y rompedor de los venenos, para el tóxico que, a lo largo de los nervios, le va dejando un escalofrío que tiene una gota de luna y otra de “delirium tremens”. Usted renuncia al veneno fácil y barato, para estancarse en el achocolatado, inocuo y estéril capuchino, que es el consuelo de los que no almorzaron a mediodía y de los otros, de los que tienen enfermedades inconfesables.

Roberto ArltElogio agridulce del capuchino (fragmento)

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Esta entrada fue publicada el febrero 12, 2012 a las 1:52 pm. Se guardó como Creative Commons y etiquetado como , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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