Escribir para decir estuve.

¿Qué hora es?

Dulcísima madre

qué hora es,

dulcísimo padre

qué hora será,

dulcísimos santos

qué hora debería ser,

para que el coro comience

a cantar.

Plumas, plumas

pido, elevo una oración

a la memoria. Al cielo,

a la vida elevo mi pedido,

de piedad, clemencia y libertad.

Para un alma inmensamente buena,

que esta cansada de este tiempo,

y de este espacio. Y quiere abrazar

a sus hermanos, a sus padres,

reconocer y ver a sus hijos, besar a su esposo,

charlas con sus amigas y sentarse a la mesa

junto a sus abuelos.

Ya es tiempo y yo no la retengo,

ya crecí, ya la tuve y la bese.

Ahora plumas blancas inmensas,

dulces, llenas de piedad,

de luz y de libertad pido.

Dulcísima Madre

despiértala en breve, toma sus manos,

toma su corazón y hazle recorrer los

eternos caminos del cielo,

que salude a mi padre y lo abrace. Le

comente que beso otros labios,

y recorro otro camino;

que se amasar, tejer y declinar

y que puedo mirar al cielo buscándolos.

Que mi padre, su hijo miré su reloj

y sepa que tiene que pasar a buscar a su madre,

ya es tiempo de que él la cuide

otra vez, que la salude y la tome de las manos

y la suba al vagón hacia el cielo infinito,

que llegué en tren desde lo alto y a lo alto vuelvan

como dos estrellas.

Abuelo bajá, besa a tu esposa y socórrela

por los hijos que te dio, por las lagrimas

que te regalo, úntale el alma

con miles de sonrisas

y devolvele el tiempo de besos

que le falta, de abrazos que le falta,

de sueños que no vivió a tu lado;

devolvele esos regalos

en tu pequeña nube y agradécele

a Dios de mi parte.

Adorado Dios se que no me corresponde,

pero se que conoces mi corazón como nadie,

mis pensamientos como nadie, por eso es que te molesto:

quisiera que tomes el alma de mi abuela

y la sumerjas en un sueño hermoso,

que vuele hasta vos y que vos la cuides

en tus manos tiene un lugar merecido por que

es tu niña grande, tu hija dulce que

regalo plegarias,que agradeció en detalle, que

bautizo con creces mis recuerdos

y que no quiso vivir en este mundo

desde que su cristal se rompió.

No toco al mundo ni lo intento

siquiera solo se sentó a esperar

tu bendición de paz,

tu mano dadora de paz y eso te ruego.

Paz para su alma, paz para su cuerpo,

piedad para su vida

un manto a su ternura, pétalos

a sus pies y miles de besos

cariñosos, amorosos, dulcísimos

de los santos mientras van cantando

suben y se elevan.

Qué hora es Dios, tiempo de que será.

Esta entrada fue publicada el febrero 3, 2012 a las 1:02 am. Se guardó como Creative Commons y etiquetado como , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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